¡ZAZ!
- TIGRE MARIPOSA

- 7 dic 2018
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 24 ene 2025
Cuento Finalista del CONCURSO DE RELATO CORTO ¿Y cómo fue?, de la Corporación de Universidades del Centro de Bogotá y Lectores Bogotá.
Publicado en la Antología REINAS DE LAS LETRAS, de la Editorial GOLD S.A.S. 2023.

Empezaré diciendo que nunca fue mi intención asesinarla; todo lo que ha ocurrido aquí ha sido solamente un terrible malentendido, un desastroso accidente. Me encontraba yo buscándole sentido a las estrofas durmientes, cuando la vi llegar sigilosa e instalarse sínicamente a mi lado. No dejaba de contonearse, sacudía sus piernas con grotescos movimientos que me producían un horrendo escozor en el vientre. Parecía que esperaba el momento justo de mi somnolencia para saltar sobre mí y espantarme las letras. Podría jurar que me estaba observando, mientras fingía jugar socarronamente con los pliegues del suelo. No se movía de su sitio, sonreía segura aunque supiera que me importunaba. Quise ignorar su molesta presencia y de nuevo sumirme entre mis fantasías, pretendiendo quizás que al percibirme indiferente, rápidamente se iría. Pero no fue así, en lugar de marcharse y dejarme tranquila, pareció interesarse repentinamente en lo que escribía. Y entonces, lenta y descaradamente se acercó a mis palabras, leyó cuanto pudo y se dio la vuelta. Mientras se alejaba altiva, me dejó oír su risita burlona y volteó a mirarme con sus espantosos ojos un par de veces. Su fétida risa fue el detonante de mi contenida furia, ¡quería matarla! Apreté mi rostro y cerré violentamente mi cuaderno para reprenderla, pero al abrir mis ojos no la vi más, busqué agitada por toda la sala pero ya no estaba. Entendí que algo terrible había sucedido, abrí temerosa mi cuaderno, la misma página, las mismas letras, y también ella, inerte y destrozada.
En vano intenté volverla a la vida, implorarle perdón, perdonarla; el impacto había sido certero. No me he atrevido a remover su cadáver de mi cuaderno, a pesar de que su cuerpo cubre valiosas estrofas; lo tengo allí para recordarla, y para servir de escarmiento a todas las moscas que se atrevan a espiarme.






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