GÉNERO, POESÍA Y SOCIEDAD
- TIGRE MARIPOSA

- 7 may 2019
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 22 jul 2022
¿Cuál es el papel de la literatura en la construcción de identidades?
Sucedió el pasado domingo 28 de abril, cuando tal y como lo tenía previsto, me vi rodeada de la concurrencia habitual de los fines de semana en Bogotá, entre la ansiosa muchedumbre que acudía, como yo, a la ya tradicional Feria del Libro, en el marco de su trigésimo segunda versión. Miles de personas se paseaban por los pabellones y disfrutaban de los eventos, que a pesar de no estar sumergidos únicamente en el universo de los libros, estaban dispuestos para hacer de ésta una experiencia inolvidable.
Entre tanta multitud no podía evitar detenerme a analizar las dinámicas que tejen nuestras interacciones cotidianas, comportamientos recurrentes y nociones preformadas de lo que entendemos por el mundo, llevándome la grata sorpresa de toparme con espacios que se atrevieran a hablar de los temas que, como sociedad, nos siguen incomodando. Desde salas que dispusieron sus espacios para visibilizar movimientos críticos como la reflexión política del periodismo y el feminismo, hasta ponencias dedicadas en exclusiva a debatir abiertamente, bajo un punto de vista literario, conceptos como la masculinidad, la feminidad y las cuestiones de género. Curioseando todo lo que me ofrecía la programación del domingo, llegué al conversatorio BAJO ESTE CIELO YA NO HAY LENGUA QUE ME NOMBRE, que hacía parte del ciclo de presentaciones LA POESÍA ES LA VOZ DE TODOS, que se llevó a cabo en la Sala de Poesía María Mercedes Carranza. Kirvin Larios, joven escritor barranquillero, moderaba carismáticamente la conversación en donde Ángelo Néstore, reconocido poeta, actor y docente Italo- español, nos presentaba su obra ACTOS IMPUROS, entrelazándola con valiosas reflexiones que sacudieron la sala entera. Se abordó a la poesía como un acto de resistencia en sí mismo, entendiendo que la literatura como el resto de manifestaciones artísticas, nos remonta a la eterna cuestión que nos atañe nuestra propia existencia e inexistencia; por consiguiente propicia la gestación de escenarios posibles dentro de lo imposible y nos sitúa dramáticamente frente a lo que somos y lo que jamás seremos. ¿Qué pasa entonces, cuando descubrimos que nuestra verdadera identidad no coincide con los reducidos moldes con los que, desde antes de nacer, han querido vestirnos?
Nos acostumbramos a asumir las tradiciones sin cuestionarlas y a perpetuarlas con una solemne reverencia, que encontró su cómoda posición en la inmortalización de ideales ajenos que asumimos como propios, para evitarnos la agotadora tarea de construirnos a partir de pensamientos auténticos y reflexivos. Tal parece que preferimos ignorar el resto de vertientes en las que podríamos desembocarnos, por temor a abandonar el criterio erróneo que nos sirve de máscara para escondernos incluso de nosotros mismos y marginar, burlar, agredir y condenar todo cuanto nos plantee el armónico ejercicio de los roles subversivos.

Hablemos entonces de este tema tan molesto para muchos pero tan necesario para todos: las nuevas masculinidades. Mucho es lo que se presume hoy día al respecto, recibiendo inclusive el violento rechazo de comunidades que se sienten agredidas cuando se les cuestiona y se les deja de permitir que continúen prolongando su hegemónica agresión contra los distintos modelos de humanidad, que la apertura al conocimiento nos propone. Para entender mejor el panorama es necesario remontarnos a los conceptos que, casi sin darnos cuenta, definen nuestra mítica identidad individual y cultural. Es el caso de Hombre, término que se le ha acuñado siempre a todo lo relativo a lo humano; mientras que a Mujer se le asigna el espacio de la excepción, diferencia y enigma, cuya razón de ser y punto de comparación para facilitar su misteriosa comprensión, es el Varón. La Masculinidad, dentro de esta oscura maraña de distorsiones, viene a ser la imposición viril que recae sobre el hombre, quien para poder afirmarse debe negar para sí todo lo que se entiende, también equívocamente, por femenino, étnico y homosexual. Con todas las transformaciones y avances que han traído las últimas décadas, además de reevaluarse las inequidades sociales, políticas y culturales que han padecido los grupos marginados, entre estos las mujeres, se ha ido reivindicando el derecho al establecimiento de nuevas maneras de asumir las individualidades. Es así como globalmente comenzamos a comprender que no es indispensable ser enérgico, fuerte, líder innato, racional, autoritario y valeroso para ser hombre, como tampoco hace falta ser hombre para poder cumplir con estas características. Hombres que se hacen responsables del cuidado, que exploran sus facetas vulnerables y sensibles, que consideran el valor de la verdadera igualdad, que se desapropian de la imponente fachada de ímpetu y rudeza y renuncian, entre otras cosas, a los comportamientos e ideales que sólo describen al estereotipo arquetípico que han querido imponerles. Hombres que entienden que la repartición inequitativa del poder es el germen de frustración en donde se fermenta la violencia, hombres que asumen el maravilloso riesgo de explorar sus nuevas masculinidades. Gracias Ángelo, por atreverte a escribir una poesía que desenmascare los peligrosos mitos de la virilidad, por brindarnos un poco de tu corazón en cada palabra, en cada verso. Nos demuestras que es momento de empezar a seguir nuevos modelos y nos confrontas con las discordancias que padecen nuestras relaciones a causa del miedo que nos produce el cambio; mientras nos enamoras un poco más de los libros y un poco menos del violento esquema de humanidad que renunciamos a ser.





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