LA PARÁBOLA DE LA LIBÉLULA
- TIGRE MARIPOSA

- 28 feb 2021
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 13 mar 2023
Al terminar la función, como ya es costumbre
cuando la mente alcanza su cumbre,
vuelvo a vivir con sutil suspenso.
En mí, cientos de luciérnagas recién encendidas,
revoloteando en bandadas distraídas,
me envuelven en un solemne silencio.
Planeo como siempre, rápidamente marcharme
sin detenerme o fijarme
en los escenarios tangibles,
pero un estallido de papeles crujientes
quiebra la luz en fragmentos brillantes,
y me deja atrapado entre lo incomprensible.
Alzo mis ojos hacia la intermitencia
y encuentro un par de alas de imponente presencia
luchando torpemente con el alto voltaje,
y, creyéndome capaz de evitarle el sufrimiento,
ante la visión de su brutal impedimento,
busco las maneras de aliviar su equipaje.
Entonces ella, en un aparente accionar suicida,
todos mis auxilios esquiva
para continuar revolcándose
en los mortales bombillos ardientes
que, con terrible fulgor inclemente,
la seducen hasta juntos calcinarse.
Luchamos por largos instantes de angustia,
que agotaron mi batalla mustia
por librarla de complicaciones,
hasta que mis fuerzas se vieron vencidas
y tuve que dejarla a la deriva
de sus turbias predilecciones.
Finalmente comprendí que no detendría tal tortura,
cargando con su peso o apelando a la cordura,
mientras su voluntad esté tan lejos de la mía;
debí asumir su decisión resignadamente,
porque ninguna intervención sería suficiente
para conducir a la libélula por otra vía.





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