UN PUÑADO DE FLORES
- TIGRE MARIPOSA

- 25 abr 2023
- 1 Min. de lectura
En homenaje a Sandro.
Murió en silencio gris
sobre el hierro de la acera,
viendo por última vez
los ojos de su compañera.
Murió a los pies indignos
de una monstruosa fiera,
sin ver el amanecer
desde el refugio de madera.
Murió bajo el manto helado
de una noche tan abyecta,
que sólo abriga los sueños
de las gentes circunspectas.
Murió siguiendo la ruta
de su senda predilecta,
teniendo siempre a su lado
la compañía perfecta.
Murió con la piel gastada
y las heridas abiertas,
cumpliendo con los deberes
de las patrullas alertas.
Murió en el cruel exilio
de la ciudad desierta,
dentro del mismo olvido
y junto a la misma puerta.
Murió ante el abandono
soberbio de la inclemencia,
como un canto a la ironía
y un cuadro a la indiferencia.
Murió como un ser errante
al margen de la existencia,
dejando sólo el vacío
de su imborrable presencia.





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